OPORTUNIDAD

Desnudamente
Presa

AYELÉN

Unidad penal 5 Rosario

La imagen del propio cuerpo frente al espejo hizo estallar varios testimonios. En la búsqueda de abrazos y contacto, lo colectivo se presenta como lo más cercano a la fuga de los propios pensamientos que a veces encierran más que la propia cuarentena.

Lo que el reflejo devuelve fue interpretado en este contexto excepcional de distintas maneras, relatos que discurren en torno a las ideas, reflexiones y preguntas surgidas en el corte abrupto de la rutina. Somos sujetxs sociales, donde las preguntas por la existencia, la introspección y los cuidados son parte de nosotrxs. ¿Quién se anima hablar de la oscuridad propia? Esto no implica la captura en el espejo, la captura en lo interior y oscuro. Mirar al mundo interior abre caminos y nos transforma, estamos hablando de lo que pasa y eso nunca es sencillo ni rápido. Los velos que se construyen en cada una de nuestras historias son defensas frente este sistema patriarcal. Fue un eje inesperado pero insistente, constante.

Aldana Díaz lo expresa así:

En la quietud del aislamiento y sus silencios te vestís con la ropa más grande que encontrás, volvés a los vicios que creíste dejar y de repente, en ese momento, los demonios te vuelven a visitar.
Inundan esta rutina que no es rutina. Llenan esos espacios que las miles de actividades que creaste nos suelen llenar.
En el mejor de los casos vienen en forma de preguntas, pero muchas veces, se calzan el traje de incertidumbre y ansiedad.
Vienen a llenar esos vacíos que nos constituyen y a los que contadas veces les hacés lugar.
Algunos te abofetean en la cara pidiéndote que pienses en aquello que en general no querés ni podés pensar. Te develan los secretos que luchás todos los días por guardar, porque el sonido de la caída es demasiado ensordecedor, porque la oscuridad de las revelaciones es demasiado oscura como para empezar a correr.
Te encontrás de pronto desnuda e indefensa, aun con esa ropa enorme, aun en tu propio hogar, porque no hay donde escapar.
Te preguntás quién sos y para qué estás. En qué momento llegaste a este lugar y qué es ese reflejo que devuelve el espejo que tanto odiás.
Te angustiás, te mirás una y mil veces con una remota y casi inexistente esperanza de que alguna vez te vas a llegar a gustar.
Te retás, te enojás, maldecís y llorás porque entendés que el silencio de la quietud sólo dejó en evidencia todo eso que no querés mirar. Que no querés mirarte porque casi nunca aprendiste a gustarte.
Te das cuenta de que la rutina, cuando es rutina, te automatiza para ocultar, pararte, caminar y seguir sin repararte. Porque esta quietud te demostró que hace mucho que no te hacés el tiempo para observarte ser, de verdad.

Fragmento
del poema
Exilio

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Alejandra
Pizarnik.

En otros, el espejo es espacio de oportunidades. En este mirar nunca estamos solas, porque hablamos entre nosotras y elegimos contarnos.

Retrato de cuarentena

Mirar a un espejo
es el arte
de crear colores
para pintar el dibujo
que supo darte.

Mirar a un espejo
es el arte
de pincelar reflejos
para elegir, finalmente
reinventarte.

María Moreno

Mientras tanto en “El futuro después del COVID-19”

“(...) un feminismo nómade y pionero en nuevos territorios sin cámaras de vigilancia ni microchips, porque siempre que hubo Superpoderes hubo resistencia e invención, afecto y humor. Pero siempre con el cuerpo, nunca sin el cuerpo. Ni una menos. Vivas nos queremos. Basta de travesticidios. Cuerpo junto a cuerpo. Pero nunca Cuerpo a Cuerpo ni Cuerpo a tierra”.

BASTA- HASTA?- BASTA

Silvina D´Arrigo

basta de tanto sadismo
sirenas de urgencia a las 6 am en avenida desierta
PARA QUÉ?
quieren aterrarnos?
cartoneros con barbijos
hombre pide monedas en barrio cheto con barbijos
hombre vende biromes en barrio cheto con barbijos
señora pide ropa en barrio cheto sin barbijo
basta

me mandan video artístico re copado
sobre los feminicidios durante la cuarentena
una a una nombradas, llamadas a la vida
no puedo terminar de verlo
no puedo con tanto sadismo
me enojo y me digo basta
(hasta?)

intento hacer yoga y hacer esas respiraciones profundas que llegan hasta el dedo pequeño
del pie y marean bastante con tal de conseguir calma
mientras pongo un rock i roll bien alto y trato de hacer pogo (aunque es raro estando sola)
me clavo el barbijo y le hago unos agujeros, quiero que el “afuera” me alcance y vuelva a acariarme
y golpearme

con barbijo no puedo verte bien
amiga pariendo a un niño hermoso
otrxs niñxs crecen sin descanso
claramente “no están en pausa”, como se siente una amiga,
amigo se recibe de doctor, en su casa, al lado de su hijo que juega sin seguramente
entender la trascendencia del momento para su padre
lo publico, y lo privado

amiga pasa en auto y me saluda desde la calle (me siento Julieta en el balcón)
le digo “bajo!”, responde “vi mucha policía en el trayecto, me da miedo que nos digan algo”
pero hablamos gritando de ponernos un taller y hacer azulejos
del amor de amigas,
amiga fue a barrio donde trabaja, no disfruta su andar en bici hasta allí, tiene miedo que
la pare la policía
historias ya sabidas alertan lo conocido, las crueldades mas infames a donde llegan las
personas con cintos de cuero
(que pena la policia no entra en cuarentena me digo, aunque dudando)

voy al cajero y me saluda un policía en la puerta
al esperar mi turno, entro a ese lugar (por donde pasaron cientas de manos, narices y bocas)
me da ganas de abrazar a todo lo que siento con sabor a humano
me da ganas de lamer esa pantalla, esas teclas
si esto existe que sea real
y me contagie entera!

abro los ojos,
y veo nota de mariana carbajal sobre la muerte cuando no puede ser velada
se me vienen mil flashes de lo que representa eso en nuestro país
las muertes sin duelo

tomo unos mates
mermelada casera con fruta pasada barata
esta riquísima
procuré cosas ‘sanas’ para estar fuerte
intento cuidarme y cuidar

(si sabremos de eso nosotras)

pero estoy cansada
y con olor a menstruación
y hoy late fuerte
decir basta!

PAULA

Con las repercusiones de nuevas sensaciones y sonidos y con una experimentación del tiempo distinta, el deseo de salir no parece unívoco. Sí, la necesidad de sostener los vínculos.

un lugar
no digo un espacio
hablo de
qué

hablo de lo que no es
hablo de lo que conozco

no el tiempo
sólo todos los instantes
no el amor
no

no

un lugar de ausencia
un hilo de miserable unión.

Alejandra
Pizarnik.

Foto:

Bárbara
Moreno

Texto:

Patricia
Gualino

Jueves 7 de mayo de 2020. Mi día 55 de cuarentena y 49 de aislamiento.
Mi piel, territorio fronterizo con medianeras que anula el poco cielo que alcanzo a espiar desde acá abajo, un primer piso interno.

Escribo en lugar de gritar o grito calladamente con cada palabra que delineo sobre el papel. Todo me es tan ajeno que no sé dónde estoy y qué de mí es mío. El calendario es sólo un papel con cuadrículas que definen cada día. Yo garabateo en cada uno de ellos una raya, un círculo como para dar un sentido, una excusa de existencia.

Escucho otras voces, otras, lejanas que enajenan mi propio decir. Irrumpen en mi silencio. Me saturan de tanto jabón. Entonces, mis manos se deslizan en pulsión de vida y muerte por cada envoltorio, cada cartón, como si hubieran encontrado la solución frente al riesgo. El trapo usado, progresivamente se va agujereando de tanto alcohol, lavandina, muertes. No me gustan los agujeros, me devoran incestuosamente. Hoy me entrego a la tarea de añadir botones o redes que me evitarán caer al vacío.

Ya falta menos para el afuera y yo no deseo salir. No tengo ningún deseo de salir. El encierro me genera alas. Trasciendo.

Por un feminismo del goce, para todxs.
Deseos diversos, derechos iguales.
Estamos aisladxs pero no estamos solxs.

Paola

Soy Paola, 41 años, vivo en el campo, en una ciudad del interior. Les cuento que para mí, el aislamiento se hizo total.
Para cruzar la ruta no tengo permiso de trabajo porque no estoy en el mercado laboral. Quien sale es mi esposo.
Por lo tanto, lo que antes era una utopía, el dejar el puesto para ir a tomar aire puro, lejos de los agroquímicos, hoy se convierte en una verdadera epopeya.
Mis padres sin pareja, uno en cada ciudad, que no es la mía, mi hijo mayor con su padre a metros, metros que no podemos hacer por el momento para tocarnos, abrazarnos.
Aquí, solos sin familia en la ciudad, vivimos mi marido de 62, mi hija de 9 y yo.
La "mujer rural", está limitada al trabajo doméstico, de cuidado, sin remuneración ni leyes sociales que nos protejan.
Se complica la tarea de darle alas e ideales de libertad a tus hijos, cuando sos "esclava" de un sistema que te margina.
Desde aquí, escribo, leo y repienso mi vida y la de mis seres queridos, mis sentimientos van desde el miedo y la incertidumbre a la esperanza de que "mi momento" va a llegar, que mi voz será por fin oída, que puedo construir un futuro sin fronteras, y que el precio que estoy pagando por amor haya valido la pena.
La luz y la oscuridad se asoman por mi ventana, con vistas a lo desértico, a lo contaminado. Estoy rota, dañada de tanto callar, de tanto perder.
Sé lo que es el aislamiento porque lo vengo viviendo hace años, tener que pedir permiso para dejar el puesto, tener lejos a todo y a todos, y no solo por este tiempo de covid-19. Pienso que está situación de pandemia, dará lugar a un "nuevo paradigma", a una nueva mirada del complejo entramado de lo social.
Quizá cuando eso suceda, encuentre un espacio para mí, para hacer lo que me gusta y tener mi recompensa, para seguir resistiendo y avanzando, saliendo de la invisibilidad y defendiendo mis derechos y los de tantas mujeres que están pasando lo mismo que yo.
Confío en que un día, no muy lejano, como dijo mi abuela, ésto también pasará y nos dejará una enseñanza a todas y todos...