EXPERIENCIAS COLECTIVAS

Nos gustaría pensar este registro sobre experiencias colectivas en clave de memorias sociales porque “la riqueza de una sociedad no es sólo su materialidad económica, los bienes transables, lo que puede mencionarse en un acta testamentaria o ser sujeto a las leyes de la propiedad. También hay otra riqueza: el lenguaje compartido, la ciencia, el saber, el arte, la construcción de enunciados y modos de actuar con relación a otros (...) En ese algo más nos reconocemos: heredamos y preservamos. Nada hay que sea solo técnico ni puramente instrumental. Cada uso acarrea una mochila desconocida de interpretaciones y visiones del mundo, modos de sentir y núcleos de imaginación”. - María Pía López - La vida en cuestión

Los testimonios que siguen giran en torno a las experiencias con otrxs de mujeres y disidencias porque hace tiempo que las feministas aprendimos sobre la importancia de narrarnos, lo que no se cuenta no existe. Narrar la propia experiencia y reconocer lo común en otras nos permitió politizar nuestro contexto. El discurso hegemónico del coronavirus pretende evitar politizar lo personal y cualquier potencia revolucionaria de eso. La fuerza de nuestra politicidad se inscribe en memorias sociales que necesitan de palabras. Mucho de todo lo que sigue viene por ahí...

Memorias Sociales

Pele, de Rosario se pregunta sobre los alcances de esta supuesta afectación de la normalidad de nuestras vidas y sobre cómo la respuesta tiene que ser colectiva.

PELE - Rosario

Esta pandemia hizo saltar por el aire gran parte de la “normalidad”. Un salto que por el momento aparenta no ser más que un susto y dicha normalidad permanece fuera de peligro.

Normalidad de tener trabajos precarizados, de no tener obra social, de trabajar por día, por hora, por jornada. La normalidad de quedarse sin trabajo, con la ausencia y el silencio de las patronales, excusándose. La normalidad de las expresiones económicas sobre la finitud de los recursos, y la naturalización creciente de la infinita exclusión. La pandemia nos hace recordar, la normalidad del hambre, del frío, del hacinamiento, de la codicia y la ambición de unxs pocxs que manejan el sentido común de lxs muchxs.

A la normalidad pandémica, le proponemos la insistencia de la militancia convertida en magia de quienes le pusieron y le ponen el cuerpo, la voz, y la solidaridad para torcer lo reglado.

A la normalidad, la rodearemos con una inquebrantable insistencia, muy parecida a la tenacidad de -quien pueda recordar- el capricho de algune niñe, que muy sabiamente pide a los gritos qué se termine con tanta inercia, que por fin, empiece el juego; ese jugar que lo cambia todo, que ilumina y anima a dar pasos en los escombros de lo que queda y armar algo, lo que se pueda, pero con corazón.


Una pregunta que irrumpe
¿Qué implica el encierro?

Por el lugar en donde estoy, en la cárcel, a mi alrededor todo es colectivo, vivo con 40 personas, pero estamos en pandemia hace bastante. Al no haber visitas estamos a salvo de este COVID 19, es triste porque no vemos nuestra familia, pero entre nosotras nos damos fuerza y estamos sanas.

La Gente se dio cuenta los que es el encierro. Nosotras estamos porque nos la buscamos, aprendimos muchas cosas, lo que es lo malo, lo bueno, el sufrimiento, lo que es valorar, valoro un pasto, un árbol, extraño lo que es estar con mis hijos acostada, eso no tiene precio y no estar acá pensando en que comerán. Con la tele quede traumada, pensando en mis hijos, me agarro desesperación, estando yo acá pensaba si les pasaba algo a mi papa, a mi mama y yo estoy acá sin poder hacer nada. Todos los días veía la tele y me ponía mal, hasta que no quise saber más nada y dejo todo en manos de Dios. A nosotras el COVID nos afecta menos porque somo 40 y estamos encerradas, pero no hay visitas y eso es mas sufrimiento, no vemos a nuestros hijos, no vemos a nuestra familia. Al principio no teníamos paquetes, la gente que fuma cigarro está más nerviosa, alterada, eso trae problemas que hay que enfrentar. Hay que ser fuertes, pero creo que algo bueno vamos a sacar de todo esto.

Nunca mas quiero estar en este lugar, las mujeres somos abandonadas acá. Los hombres tienen otras posibilidades. A nosotras acá nos tiraron y acá nos dejaron, sin respuestas a muchas cosas. Necesitamos psicólogo, psiquiatra, medico. Estoy contenta porque se volvieron a reconstruir muchas familias, a estar la madre y el papa juntos, durmiendo la siesta, jugando con los chicos, compartiendo la mesa.

La ética es escucharnos en el padecimiento y dolor de nuestra singularidad e historica, política y social. Dejar de ignorarnos como mujeres y disidencias y hacernos experiencia colectiva. Como dice Sara Hebe Somos HistoriKs

AMALIA PRADO • Mi catarsis - Rosario

Cocinamos, cocinamos, cocinamos. Compramos, preguntamos cómo estamos, seguimos. Estamos.
Para qué estamos? Sostenemos, acompañamos. Nos or ga ni za mos.
Seguimos.
Armamos, tejemos, compartimos.
Solas? No
Nombradas? Tampoco
Y con restos de lechuga en mano escribo, un poco apurada, porque mientras se cocina el almuerzo se prenden los f u e g u i t o s p o r a b a jo que se activan siempre con compas.
Todxs cocinamos. Vos qué cocinaste hoy?

Susy Shock

Crianzas

"Y una vez más, después de tanto y tanto conocernos, vengo de vuelta con el diccionario para aclarar algunas cositas. Que esto no es el diccionario de ninguna real academia, no, no, no. Este, en todo caso, es el diccionario del lumpen vivir. ¿Y qué es eso? Sencillo. Que vamos escribiendo con nuestros cuerpos, en la calle, lo que vamos siendo. Y eso que somos, que tanto gozo, pero tanto dolor nos cuesta y nos ha costado, tiene las palabras que hemos inventado y de las que nos hemos re-apropiado para llamarnos"

Me divierte pensar la danza (mi cuerpo moviéndose) como ese árbol del experimento filosófico que se pregunta si el árbol existe por caer en un bosque sin que nadie lo escuche o lo vea. La danza es un poco ese árbol, cuando hablamos de la danza como un arte escénica. Esta cuestión de la exposición y de legitimar algo por suceder ante la mirada testigo de alguien más. Pensar esto me divierte y también me inquieta. Que fuerte.
Durante esta cuarentena (lo digo como algo normal ¿no? como si fuera una cosa ordinaria LA CUARENTENA y en verdad es única) me grabé mucho bailando sola. Será que me faltaba un alguien que atestigue mi danza. Tod@s testigos de todo, todo el tiempo. En la calle, en las redes sociales, en el arte.
Intenté tomar clases virtuales (sigo intentando) y está bien, pero me falta algo. Me falta la presencia de los cuerpos. Me hace mucha falta poder desplazarme a más de un metro a la redonda de mi ombligo. El viaje: ir hacia la clase y volver transformada. A veces hecha mierda, pero movilizada. Y eso es todo: sentir.
Desde la intimidad de la única esquina libre de mi habitación, arrojo el árbol de mi cuerpo una y otra vez. Hace ruido cuando cae, yo lo veo, lo escucho transpirar, agitarse. Lo levanto, lo organizo un poco y vuelta al piso, esa tierra que sostiene, incondicional.
Qué loco es preguntarse, hoy, si somos más allá de que a veces nadie nos vea ser.

La peste - SUSANA ANDREA GALEAZZI

La peste irrumpió. Descarada, insolente, prepotente, avasallante, atrevida, irreverente. Me dejó estupefacta, con un sentimiento de imprevisibilidad y suspensión de mi propio sentido común. Anonadada.

La crisis tornó imperiosa, en mi interior, la confrontación entre mis valores y mis miedos más hondos. Entre mi natural instinto de conservar la vida y mi intensa vocación de servicio. Luchaban mis 65 años y un inagotable compromiso con mi labor de trabajadora de la salud. Mi cobardía y mi valentía. Mis mezquindades y mi altruismo.

Casi sin advertirlo nítidamente, el espejo me fue devolviendo la imagen de mi rostro escondido detrás de una máscara y un barbijo, mi cabello oculto debajo de una cofia, mis elegantes uñas esculpidas ahora cortadas al ras y debajo de un par de guantes. Con mi nueva imagen volteé mi mirada hacia el colosal enemigo. Éste comenzó lentamente a desdibujarse, a borronearse, a perder corporalidad y jerarquía en mi interior. Él seguía ahí, impertérrito, pero era yo misma la que ahora lograba enfocarlo, escudriñarlo, acorralarlo en el campo de batalla.

La frontera inestable y tenebrosa que de todos modos decidí transitar, reveló mis propias fortalezas totalmente desconocidas para mí. La travesía continúa, el camino es largo pero como todos tiene un final. Allá voy, allá vamos.

CHANI

“No sumen, no resten, signifiquen, multipliquen”

Es tiempo de ENTRES, adentro y afuera, lo singular y lo colectivo, políticas y subjetividades. Son tiempos de elegir, implicarnos y organizarnos, de eso sí que sabemos, es un trabajo artesanal que lo hacemos cotidianamente. Es tiempo de escucharnos y movernos, generando lazos comunitarios. Dana Cáceres nos cuenta de las ollas populares en barrio Ludueña y cómo frente a este contexto el desafío fue la organización comunitaria para poder responder a la creciente demanda.

DANA CÁCERES - Rosario

Crisis me remite a cambio, desestructuración de lo que se venía dando, ya sea en lo emocional, en las relaciones, en lo laboral, todas influyen entre sí, son parte de una misma cosa, “nuestra cotidianeidad”. En la actualidad, en el espacio donde tránsito de manera colectiva, La Cabida de barrio Ludueña, se ha puesto en marcha de manera casi espontánea la idea de las ollas populares frente a las necesidades del barrio, teniendo en cuenta que les vecines en su gran mayoría no están pudiendo trabajar con normalidad y llevar todos los días un plato de comida a la mesa.
Dado a que somos un grupo pequeño y no podíamos abastecer la cantidad de personas que sabemos necesitan una mano, comenzamos a trabajar y organizarnos con diferentes espacios del barrio, así es que semana a semana van creciendo las cantidades de raciones que estamos entregando. Entonces, no solo hay una reconfiguración de los roles que se daban en lo cotidiano, sino que también se han puesto en espera ciertas rivalidades implícitas que circulaban, poniendo prioridad en el aquí y ahora, superando los miedos iniciales propios de una pandemia, con la amenaza de enfermar y posibilidad de muerte, pudiendo quitar el velo del miedo paralizador y vernos no como el enemigo portador del virus sino como compañeres dando lucha en primera fila en esta batalla que no sabemos cuándo va a terminar, pero con la convicción de que juntes es menos pesado transitar lo complejo de una crisis mundial.
Sabemos que estamos batallando contra algo que no podemos ver entonces es difícil dimensionar la gravedad del contexto, para esto de manera gradual fuimos y estamos atentos a las medidas necesarias para evitar la propagación de virus dándole vital importancia a la desinfección y uso de barbijos, tratando de respetar los distanciamientos recomendados.

Rocío Elizalde

Aquí nadie se salva solx

ANTONELA DI BARTOLO

ANTONELA DI BARTOLO

AQUÍ Y EN COMÚN

Aquí nadie se salva solo
Aquí nadie se educa solo
Aquí nadie se relaciona solo…
¿Cómo somos en común? Esta pregunta, profundamente política, moviliza tensiones al emanar
de su interrogante la idea de que el ser solamente es posible si es en común…
Esta cualidad de existir por sí mismo (aseidad), en este acto de repartirse, en un diseño de la existencia donde los múltiples dispositivos dinámicos que hacen máquina, con roles variados, en cada situación, van desplegando los repertorios vitales; haciendo posible la circulación a través de los encuentros, emergentes que amasando y entrelazando lo común, hacen el ser en común.
Es la posibilidad de concebir la vida en común, siendo entonces en común, aunque sea difícil de percibir hoy en día, el hecho de poder concebirlo es suficiente para dar cuenta de su existencia. Esta posibilidad refiere también al concepto de potencia de Spinoza, como esencia que no está realizada, existiendo como fuerza que se desencadena y despliega en función de las necesidades. Dice Deleuze, hablando de Spinoza: “la esencia es siempre una determinación singular. Hay esencia de éste, de aquel, no hay “esencia del hombre”. En esta no esencia radica el ser en común, en las singularidades en relación emerge la comunidad, los existentes pueden aparecer espontáneamente, dando forma a experiencia comunitarias donde los encuentros vinculen y articulen las diferentes velocidades.
Esta vida en común es atravesada por estas esencias también a través de la afectividad, en este juego de afectaciones, el despliegue de las potencias requiere este elemento como deslizador, “estamos completamente a merced de los encuentros”, dice Deleuze, encuentros que también son recíprocamente parte del todo, parte del ser en común.
Aquí nadie se educa solo
Aquí nadie se relaciona solo
Aquí nadie se salva solo…

“Sigue latiendo tu voz cada febrero,
hoy te pido que cantes a lxs que tanto quiero,
son aquellxs que una vez nos cuidaron la ilusión,
y nos dejaron elegir, como una forma de aprender
en la simpleza de vivir”

“La cometa perdida”
Murga A Contramano

MURGA FEMINISTA “Ya te va a tocar”

Inspirada en el
Movimiento “La
Revolución de
as Viejas”

Primer ensayo de la Murga “Ya te va a tocar” una semana previa a decretarse la cuarentena.

El día 12 de marzo concretamos el primer encuentro de mujeres kirchneristas movilizadas por la inquietud de formar una murga. La generosidad de una reconocida murga de la ciudad “Le pegó como venía”, nos alentó poniendo a nuestra disposición todos sus recursos, escenario, trajes. Su director hoy es parte integrante de nuestro grupo.

Consolidándonos como grupo en épocas de cuarentena.

Cuando asistimos a aquel primer y único ensayo presencial el 14 de Marzo, no avizorábamos que fuera tan convocante como para continuar constituyéndonos colectivamente como murga. Al punto que ni la cuarentena, ni el aislamiento social pudieron con nuestras ganas de ser parte de un proyecto colectivo-político, de denuncia y resistencia que encuentra en el arte su canal de expresión.

Somos mujeres que provenimos de distintas disciplinas. En este particular contexto, aprendimos a convivir a través de la tecnología, revalorizando lo que tenemos, que es el grupo, lo vincular, tejiendo lazos, potenciando nuestra creatividad, cuidándonos afectivamente, conteniéndonos las unas a las otras para proyectarnos por fuera de toda crisis.

Es un gran desafío que nos permite descubrir espacios inéditos en nosotras mismas, y la posibilidad de alzar nuestras voces para cantar nuestra historia, la de la “generación del medio...la de las hijas de las locas del pañuelo blanco y las madres de las locas del pañuelo verde” Gabriela Cerrutti. “La revolución de las viejas, una generación que necesita ser nombrada”.

“Y aquí seguimos todas, todas cantando Con la certeza de renacer En esta vida nueva que construimos Siempre amando, siempre de pie…” (Fragmento de presentación murga “Ya te va a tocar” )

“Acontece una experiencia feminista que no se declara enteramente como tal, que no proviene sólo de las bibliografías de género ni busca adjetivos, pero que se afirma como capacidad de movilizar en nombre de la autonomía, la libertad y el deseo. Una experiencia feminista que es popular, que es iracunda, gozosa y veloz, que se vincula con las organizaciones territoriales. La tierra tiembla por nuestro grito pero también por nuestra capacidad de armar redes”

Colectivo Ni Una Menos, 2016