Vivas, libres,
deseantes y
desendeudadas

Las mujeres y disidencias siempre ponemos el cuerpo en la construcción de lazos comunitarios, en las crisis más: somos trinchera frente a las amenazas a formas de vida que valgan la pena ser vividas.
Somos símbolo de resistencia y acción. Visibilizar y valorizar nuestras prácticas es imprescindible para un proyecto político popular con justicia social. Es urgente reconocer la importancia de los cuidados sin subestimar su politicidad. Queremos ser protagonistas en la construcción de un Estado plebeyo y sensible.

A LAS QUE ESTÁN SIEMPRE EN EL FRENTE DE BATALLA

FLORENCIA TIRELLI - Rosario

FLORENCIA TIRELLI - Rosario

Apenas llegué las vi hechas cuerpo colectivo. Mientras se preparaban las albóndigas que acompañarían a los fideos con salsa, la comida de ese miércoles, entre todas construían el sentido del por qué estaban ahí para su barrio. Si hay alguna certeza es que algo de la realidad puede verse dislocado por la pandemia pero la de tener que batallar el día a día está intacta. Las compañeras lo saben y frente a la pregunta más política de todas “¿Qué hacer?” ellas hacen juntas. Alrededor de cuatro tablones cada una tiene su función, la escena transmite toda la espontaneidad de acción que dan la experiencia y los saberes prácticos. El saber popular puesto al servicio de la organización popular y barrial es infinito. Hace años que las tardes son el momento de encuentro para cocinar la olla y hay lazo comunitario con complicidad de conventillo que lo vuelve fuertísimo. Más allá de los lamentos por la ronda de mates dulces que no puede ser, abundan las risas a carcajadas, porque ante todo compañeras que nunca nos roben la alegría. En los tiempos que corren cada vez es más la gente que se anota por el plato de comida para la familia y siempre está la preocupación dolorosa de que las ollas comunes no alcancen, y si no alcanza, las compañeras hacen malabares para que nadie se quede sin algo de morfi, arman algunas bolsas con pan y un par de latas. Muchxs de los que llegan cerquita de las ocho para llevarse los recipientes con los fideos con salsa y albóndigas hechas al calor del amor de barrio, también traen bolsas de ropa que a sus pibxs ya no les va para que pueda vestir a otrxs. Porque hace rato que se sabe que nadie se salva solx. Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.

Eva una y todas las mujeres.
Marina Olmi

Somos lxs que contamos con un saber hacer que nos ubica como sostenedorxs de los espacios comunitarios, desde allí canalizamos ayudas estatales, armamos redes, nos acompañamos y estamos para otrxs. Garantizamos la reproducción material y simbólica. Por ejemplo, algunas compañeras del Comedor Comunitario San Cayetano del barrio Ludueña nos cuentan cómo vienen sobrellevando estos días

Centro Comunitario San Cayetano

¿Heroínas? Al igual que con lxs desaparecidxs, tiene más valor político hablar de mujeres de carne y hueso con un fuerte compromiso comunitario. Ni heroínas, ni víctimas.

María Luz Bazzetti- Rosario

Registro y resonancias de charlas con las compañeras del Comedor San Cayetano: “Somos 150 mujeres que estamos al pie del cañon, asistimos con 630 raciones diarias, orgullosas de los que hacemos”.
“Al pie del pañon”, dice Clau y atrás se escuchan Mirta, Ange, Mirta (la flaca), Eva, Doña Gloria. También Sarita, Susi, Vivi, Merce se presentan en mi memoria, y todas las mujeres que cocinan en el día a día. Mujeres jóvenes, viejas, niñas, de todas las edades se cruzan en la cocina del Sanca. Se prende una hornalla, si escucha: tac-tac-tac, se pican kilos de cebollas para el guiso y ahí empieza la charla, el conocerse. Caminos y charlas que pueden disparar hacia muchos lugares; historias de la infancia, desamores, piquetes, recetas, debates, mitos, dolores, amistades. Nunca me voy a olvidar cuando me enseñaron hacer el repulgue de empanadas, día de risas, charlas, memoria y justicia. Siempre el encuentro está teñido de lucha y resistencia. Gracias por ese guiso, gracias por tantos guisos que son una caricia al alma en tiempos de crisis y de dolor. Se abren las puertas para la entrega de comida y se multiplican las historias, los vínculos y la red que estas mujeres sostienen todos los días y dicen: “estamos orgullosas de lo que hacemos”, les quedan chicas las palabras y la cocina.

En esta crisis se hizo mundial la pregunta por lo esencial. Cuando hablamos de trabajos de cuidados nos referimos al proceso de reconstrucción cotidiana, siempre inacabado, del bienestar físico y emocional de las personas. Son todas aquellas cosas imprescindibles para que la vida funcione en el día a día. Juliana nos invita a repensar algo de esto con su testimonio

Juliana Faggi- Rosario

Mi nombre es Juliana Faggi. Soy fotógrafa, y estoy transitando la cuarentena con mi hijo de casi 4 años, lxs 2 solxs.

"Cuarentena interminable.
Sostener la vida,
armarse de amor,
de ese amor
mutante
pleno y vivaz.
Lo mas difícil
de ser madre
no es el cansancio,
sino el miedo
a no ser
lo suficientemente
buena.
Miedo de saber
que nunca podré
evitarle
el sufrimiento,
ese
que forma parte del vivir."

¿Quiénes cuidan a lxs que cuidan?

Primero me presento para que conozcan quien soy y el contexto en el que me muevo. Mi nombre es Irina, tengo 40 años. Soy lesbiana, mama de 3 hijes. Casada con Mónica, quien es peruana.
Vivimos en un momento en el que, se supone, que cada acontecimiento debería dejarnos a su paso aprendizaje. Pero para ello primero tenemos que atravesar el momento de crisis y esta crisis nos atraviesa a todes y por todos lados.
No solo como mujer, lesbiana, mama, esposa, cuidadora de salud física y mental, trabajadora....y otros roles impuestos por el heteropatriarcado, sino también como educadorx, docente. Ya no solo se nos pide ser “buenas madres”, sino buenas docentes. Que saquemos tiempo de donde no tenemos para ejercer este nuevo rol.
En el camino queda mi autocuidado, mi espacio personal, mi tiempo de recreación, el tiempo con mi pareja. Comienza a notarse la falta de redes de contención y apoyo hacia lesbianas, la falta de políticas publicas de contención hacia el colectivo LGTBIQ.
Redes que nos permitan comunicarnos con pares. Y todo esto, donde se ve reflejado? En mi salud mental y física. Y quien se ocupa de eso...yo. Osea que seguimos siendo las mujeres las únicas cuidadoras de la salud integral de todes con quienes convivimos. Y todo ese cuidado se ve aumentado en este contexto. Un contexto donde los cuidados son extremos, donde si no los hacemos bien ponemos en riesgo a quienes nos rodean.
No tenemos certezas aun de cual sera la nueva normalidad, o si existirá alguna. Pero lo que si tenemos que cambiar es el paradigma heteropatriarcal. Un paradigma que nos oprime, nos impone y nos elimina. Que el aprendizaje no sea solo individual, sino también colectivo , y que podamos leer entre lineas lo que nos atraviesa, no solo a nosotres, sino también a quien tenemos al lado o enfrente.

Nuestra cuerpa en movimiento es política y se
mueve al encuentro.

Daiana Federici - Casilda

Mates y sonrisas tímidas, la confianza, florece la propuesta de ir a San Juan capital, al Encuentro Nacional de Mujeres. Recuerdo haber quedado tildada mirando un punto fijo.
Éramos mujeres de diferentes barrios y provincias. Viaje largo. Cada una llevaba algo para compartir, como la economía popular, y también, o al menos así lo entiendo y siento, el cocinar es un arte, y hacerlo para compañeras, nace y sale desde el amor. Las mujeres siempre tan cercanas a la actividad culinaria, por presión y función social, como en tantas épocas de crisis del país, quienes se embanderaron en los comedores, barrios, haciendo ollas populares, merenderos, las manos, eran y son de mujeres.
Lo que me genera viajar es esa excitación de conocer paisajes, su diversidad, el compartir, y particularmente la montaña me emociona tanto como comer una cucharada de dulce de leche.
Llegamos, calor, por esos lares, el sonda se hace sentir en la piel y la respiración. San Juan, similar a otras capitales del norte, con las distribuciones típicas, emplazada y su catedral. No recuerdo en qué momento fue que lo único que captaban mis ojos y sensaciones eran mujeres, se sentía como un hormiguero humanoide.
Antes comenzar la marcha, diferentes organizaciones se iban juntando, con sus banderas, sus colores de referencia, instrumentos musicales, pintadas, con frases en el cuerpo, dibujos, brillo. Me identifica el ser de pueblo, de la querida Villa Ramallo, allí no tuve la oportunidad de vivenciar esto, tan multitudinario, tantas mujeres encontradas, y en eso de autoreferirme en el ser pueblerina, y en el mismo prejuicio de ello, nunca vi semejante masa. La emoción eran parte y gobierno de mi cuerpo, buscando y encontrando miradas, manos, brazos y abrazos, cuidados una para con la otra, no importa que no nos conociéramos, éramos una. La sangre revuelta.
Me atravesó el cuerpo, entiendo en esto de referirme al cuerpo y las emociones que llevo y llevamos dentro. Sentí y habité esa masa de mujeres y disidencias, poderosas, sensibles y críticas. Sentí que me quería, que me aceptaba. El vínculo con nuestro cuerpo, con mi cuerpo. Me sentí parte de ese todo, y vibré en y con él.

“Es muy difícil en el barrio poder cumplir con el aislamiento social cuando lo que duele es la panza. Por eso nosotras nos fuimos ayudando mutuamente. Tambien es dificil cuando la casa la sostiene hoy las mujeres. Porque el varón se quedó claramente sin trabajo y la que lleva la comida al hogar son las mujeres en nuestros barrios. Entonces eso hace que la violencia se encrudezca mucho más”

Jesica Azcurraire
de La Graganta Poderosa

Especial ELLA
en Cuarentena

Cris Rosenmberg - Rosario

“El rasero del virus no iguala, aunque a todes contagie: más bien se asienta duramente sobre las desigualdades existentes y las profundiza”.

María Pía López
El futuro ¿Ya llegó? en

El futuro después del Covid

Marisol Villarroya - Perú

PanDémica

Sembrando al paso. Se hace flor la cuarentena en tierra Amazónica. No me quedó más que oler su perfume. Contemplarla. Hasta que marchite. Ella y yo. Mientrastanto. El hambre, el machismo y la indiferencia son lo mismo. Y me pregunto. ¿yo soy la misma?. Que bagre!. Cuanta individualización!. Ni siquiera puedo hablar colectivamente. Sigo merodeando con mi vida. Salgo y un militar con traje de árbol en plena ciudad se acerca. Dispara preguntas. A su criterio saber si mantuve relaciones sexuales la noche anterior puede ser un insumo para cuidar a la sociedad. Vuelvo. Órdenes de limpieza por parte de un adulto víctima perfecta en imagen y semejanza de misoginia y pelotudez. Sostener el aire. Llegar a otra casa. Otra vez. Pero distinto. La humildad y la solidaridad. Empezar a hablar de crisis no por lo que es sino por lo que somos. Las mismas dificultades y problemáticas sociales. Ahora sin sombras que las aireen. Ahora nos empezamos a pudrir por lo que somos. Hipótesis diferentes. Por ejemplo. Un llamamiento al que le damos vuelta la cara. La democracia en W.Whitman. Nuestro espíritu a la comunidad. O nuestra Iglesia para perdonar mis pecados. Valla a saber cuánto se esconde en el interior de esta conjunción de carne y hueso llamado cuerpo. El alma. ¿Qué polvo queda al desnudarnos sobre una mesa?. O por muerte o por vida. Mientrastanto. Somos la mismísima crisis. Nada cambió más que nuestras percepciones. Ni más ni menos. Mi percepción. Orgullosamente egocéntrica. Sensible a los mundos. Mi alma con una flor en cuarentena. A cada paso que pide el camino le devuelvo hondamente un grito de rebeldía. Un soplo de gratitud. A mi individualidad no le queda mas antídoto que ser interpelada por los lazos sociales humanos e históricos en crisis. No tengo bandera. Y lloro. Mi escarapela, en esta pandemia se llama Cecilia Basaldúa.